Colectivo Estudiantil
En el marco de las movilizaciones del 14 de Agosto en recuerdo de los mártires estudiantiles, entrevistamos a Edis Buscarons uruguayo exiliado y luego residente en Argentina. Militó en el grupo de “Los Bravos” en la Asociación de Estudiantes de Medicina y en el Movimiento de Independientes 26 de Marzo.
¿Cómo fué la situación de la época?
El 68 en la facultad fue un año muy movido y era también reflejo de lo que pasaba el mismo año en el mayo francés. El 14 de agosto fue un golpe importante para nosotros, para el movimiento estudiantil.
Por eso no dejamos de militar, pero sí tuvimos más conciencia de que las cosas no venían bien. La muerte de Líber Arce, de Susana Pintos y Hugo de los Santos, junto con la de otras compañeras y compañeros empezaba a indicar cuál iba a ser la política de gobierno con respecto al movimiento estudiantil, que era la de franca represión.
En ese momento nosotros no pensábamos que iba a haber golpe de estado, pero ya se empezaba a ver la confluencia de otras corrientes políticas y de opinión que iban en ese sentido.
La primera movilización que yo participé fue una sentada en el salón de los pasos perdidos en el palacio legislativo con los anarcos. Después de eso no te dejaban ni acercar a la facultad. Al mismo tiempo la FEUU tenía una importante movilización en la calle.
Las facultades tenían mucho movimiento. Una de las cosas en las que insistíamos era en no militar sólo políticamente sino también en la militancia universitaria. Y llevar adelante la militancia universitaria implicaba discutir qué políticas universitarias desarrollar. Nosotros entendíamos la universidad como parte de la educación pública, y peleábamos por el acceso de todos los que trabajaban. En ese momento había toda una confluencia en que la universidad se abriera a los sectores más desfavorecidos, a los que tenían que trabajar, y que eso formara parte de la política universitaria.
En ese sentido, ¿qué política universitaria pensaban?
Nosotros hablábamos siempre de pertinencia, la pertinencia tiene que ver con cómo se inserta la universidad en la sociedad y el contexto donde vive. Hablábamos también de la equidad, en el sentido que era necesario que todos los sectores accedieran a la universidad, porque uno de los problemas que tenía la universidad era que podía ser elitista. Por ejemplo en el caso de Medicina, para estudiar sobre las enfermedades laborales los chicos iban a las barracas, a los frigoríficos, es decir, tenían contacto directamente con la problemática; se había logrado que las residencias de las y los médicos fuesen en el interior.
Por el otro lado, apuntábamos a que la Universidad tuviera responsabilidad social, que no es sólo tener cursos de extensión, sino que es la apertura y la democratización de la universidad, teniendo en cuenta el contexto en el cual se movía. La extensión pensada como la alianza entre la facultad y la comunidad. Y esto implicaba tener que profundizar la visión democrática de la Universidad, fortalecer la soberanía nacional, y estudiar e investigar a partir de la identidad nacional.
¿Y qué los motivaba a pensar esa política?
Nosotros partíamos de un pensamiento artiguista, y decíamos “hay que traer a Artigas al presente y proyectarlo al futuro”, considerando que el artiguismo en América Latina es muy difícil de superar. Los estudiantes tienen que pensar qué universidad se quiere, para qué se quiere, y donde tiene que estar la universidad en el desarrollo de la nación, de la república. Y en ese sentido, cuando mercantilizás la universidad empezás a depender de los grandes centros, a depender del capital privado, y terminas investigando lo que las transnacionales te indican. Esto se discutía en toda la universidad.
Nosotros peleabamos partiendo de la base que la universidad tenía que incluirse dentro de lo que para nosotros era la contradicción fundamental, que era la de Imperio-Nación. Y el ambiente era de discusión, discutimos mucho los programas, la extensión universitaria, el bienestar estudiantil, la democratización, etc.
Entendíamos que la universidad no se podía transformar en un lugar elitista, de pensamiento elitista, ni tampoco de acceso elitista, y para ello tiene que haber una renovación permanente en la presencia estudiantil, una renovación permanente en la capacitación de los docentes, y una renovación permanente en los objetivos.
Y también tratábamos de decolonizar el pensamiento, porque sin un pensamiento latinoamericano no podía haber una verdadera independencia.
¿Y volviendo al 14 de agosto?
En ese momento nosotros lo que hicimos fue movilizarnos. Acompañar y seguir con la movilización, otra cosa no podíamos hacer: levantar las banderas y mostrar el aspecto represivo del gobierno.
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