Alejandro Acosta y Heber Hosman.
Fue en la localidad de Pueblo del Barro, Departamento de Tacuarembó, allí se llevó a cabo la Asamblea Constitutiva del Sindicato de Peones de Estancia (SIPES).
Pero la cosa empezó mucho antes, que hasta podemos ver al “bebe” Sendic y al “ruso” Rosencof entrando de colados en los arrozales o juntando a los peludos en la oscuridad de la noche en los cañaverales.
Y arrancó en serio alrededor del 2000, cuando un grupo de compañeros empezaron a trillar los campos, capando un ternero, desatracando una vaca, compartiendo el trabajo de los peones de estancia. Entre mate y cuchillo se habló de la organización, de la importancia de luchar en colectivo, del salario, de las horas de trabajo, de las necesidades de los trabajadores y de la desigualdad ante los patrones.
12 años duraron esas conversas, hasta que el 28 de octubre de 2012 se pudo materializar la herramienta que iba a cambiar para siempre la lucha de los peones.
Eso, y un gobierno con voluntad política que siempre laudó en los Consejos de Salarios, porque los estancieros no se dignaban a sentarse a conversar siquiera.
¡Viva la lucha de los peones de estancia!
¡Viva el SIPES!
|