Por economiapolitica.uy *
Héctor Tajam **
Dibujo del Prof. Adán Iglesias Toledo ***
Como observamos la semana pasada, en el curso del año 2024 la actividad económica nacional creció en base a mayores volúmenes exportados, fundamentalmente de energía eléctrica y de productos con origen en el sector agropecuario. El consumo interno derivado de los ingresos de los hogares uruguayos tuvo un dinamismo muy menor, fiel reflejo de los altibajos que sufrieron salarios y pasividades durante el quinquenio.
En este artículo abordaremos el análisis del Producto Bruto Interno (PIB) desde el enfoque del ingreso, una óptica escasamente utilizada por los analistas macroeconómicos, que reparte el resultado de la actividad económica llevada a cabo por los trabajadores en cuatro componentes: salarios, ganancias, ingreso mixto e impuestos. Las cifras oficiales del Banco Central (BCU) llegan hasta el año 2021, revelando una participación de la masa salarial en el PIB del orden del 40% del PIB, mientras que en 2019 dicha participación ascendía a 43%. La estimación que hemos realizado hasta 2024 daría cuenta de una leve recuperación frente a 2021, aumentando a 41%, aún por debajo del registro de 2019 (Cuadro 1).
Un poco de historia
El experimento industrializador basado en la sustitución de importaciones se agotó en los primeros años de la década del ¨60 del siglo pasado, incapaz de afrontar el nuevo escenario de apertura de la economía y de precios internacionalesi. En 1963 la masa de salarios producto del nivel de empleo y de la retribución a la fuerza de trabajo, participaba de un 56% a la hora del reparto del resultado de la actividad económica nacional medida por el valor del Producto Interno Bruto (PIB). La tasa de plusvalía, que mide la relación entre el excedente apropiado en forma de ganancias por el capital y la masa de salarios recibida por los trabajadores, era apenas de 64, cuando el valor generalmente aceptado es, por lo menos, 100 (cuando ganancias repartidas entre unos pocos capitalistas y salarios entre muchos trabajadores, participan igual en el reparto).
En 1971, cuando el país ya estaba en una profunda lucha de clases, desatada por la oligarquía que, ante precios internacionales a la baja, ya no toleraba tal situación, la distribución del ingreso aún permanecía en rangos similares. La dictadura cívico militar sería la encargada de arreglar tal “desajuste”. Como podemos apreciar en el cuadro 1, en 1984 los salarios solo conservaban el 32% del valor de los bienes y servicios producidos, de tal forma que la tasa de plusvalía había crecido a 165. Una fenomenal transferencia de ingreso de los trabajadores a los capitalistas. Este fue el punto de partida de los “40 años de democracia” recientemente recordados en ocasión del inicio del cuarto período de gobierno del Frente Amplio, encabezado por el Presidente Yamandú Orsi.
Desde 1985 a 2025 observamos dos períodos bien diferenciados en lo que hace a la distribución del ingreso. Si bien a la salida de la dictadura, en el primer quinquenio presidido por J.M. Sanguinetti se dio una recuperación salarial y del empleo, los resortes del neoliberalismo ensayado por los gobiernos que le siguieron (L.A. Lacalle, Sanguinetti y J. Batlle) activaron un retorno a la situación heredada en 1984. Entre ellos la desindustrialización provocada por la integración a un Mercosur dominado por el capital financiero. Esto es, se naturalizó en el funcionamiento económico del país el nivel salarial al que lo había bajado el régimen cívico militar 1973-1984.
Es allí donde se materializa el gran cambio político en la historia de este pequeño país: la izquierda gana las elecciones por amplia mayoría y el Frente Amplio asume el gobierno liderado por el Presidente Tabaré Vázquez. El compromiso central era con los trabajadores y las mayorías empobrecidas, así que se comenzó por la distribución (Consejos de Salarios, Ministerio de Desarrollo Social MIDES, jubilaciones), de tal forma que ésta se transformó en un componente del crecimiento económico que se mantuvo hasta 2014. Los salarios promedio recuperaron el poder de compra del año 1977, la masa salarial aumentó su participación en el PIB a 43% en 2019, disminuyendo obviamente la tasa de plusvalía a 107.
En ese año regresa la derecha al gobierno, amplificando nuevamente el poder económico empresarial con el manejo de la administración pública, dando pie para un reajuste conservador. Un quinquenio no fue suficiente (con la pandemia COVID incluida) para regresar a los niveles distributivos anteriores a la debacle económico financiera del neoliberalismo 1999-2003. Las Cuentas Nacionales del BCU llegan hasta el año 2021, así que de allí en adelante nos manejamos con estimaciones sobre la masa salarial y empleo de trabajadores asalariados y cuentapropistas. En base a ello, la participación de los trabajadores asalariados habría descendido en 2024 a 41% del PIB y la masa de ganancia sería superior en un 14% a la masa de salarios (tasa de plusvalía = 114).
EL DESAFÍO
Estos resultados son un reflejo de la evolución salarial intermitente, con periodos prolongados a la baja, una peor calidad del empleo, aumento de la pobreza y de la desigualdad, manejo anárquico y corrupto de los dineros públicos, entre ellos los que financian el gasto público social.
El desafío de afrontar la forma injusta en que se distribuye el ingreso en Uruguay para el 4° gobierno del Frente Amplio encabezado por el Presidente Yamandú Orsi, contiene todas esas facetas, en un contexto cada vez más incierto sobre los verdaderos recursos fiscales con que se cuenta, de inestabilidad regional y mundial, y de un horizonte económico con bajo crecimiento y reacio a la diversificación productiva del país que amplie nuestra oferta de bienes y servicios en una inserción internacional de mayor alcance.
Es justamente en estos escenarios cuando la política más importa, y no solamente en la gestión de mercados prácticamente monopólicos que reproducen toda esa problemática. El programa del Frente Amplio provee de propuestas e iniciativas para encarar el desafío, y los cinco ejes de gestión y los 63 compromisos definidos por Orsi deberán resolver, entre otros, esos desafíos. El Frente Amplio debe superarse a sí mismo, no con la mirada puesta en regresar a los indicadores de 2019, o tal vez mejor, de 2014, sino con nuevos cambios estructurales al estilo de la década 2005-2014. Las empresas públicas son un eje esencial para ello, entretejiendo una alianza productiva con productores del campo y de la ciudad, facilitando el acceso a medios de producción (tierra, tecnología, capacidades, capital de trabajo), superando las limitaciones de la línea fácil y despreocupada de las exoneraciones tributarias.
(*) EconomiaPolitica.uy es un Programa de asesoramiento, investigación y formación en Economía Política.
(**) Héctor Tajam es Economista, Director del Programa EconomiaPolitica.uy y Columnista de Mate Amargo. Fue Diputado (2005/10) y Senador (2010/15) por el MPP – Frente Amplio. Miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)
(***) Prof. Adán Iglesias Toledo, Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC. Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero.
i Proyectando el cálculo que realizamos con Jaime Yaffé en “Industrialización y sustitución de importaciones en tiempos del primer batllismo y la Primer Guerra Mundial”, año 2007, H-Industria: Revista de historia de la industria y el desarrollo en América Latina”