LA MILITANCIA CONCRETA (EN LA CUBA CONCRETA)

0

Por Javier Gómez Sanchez (*)

 

Este libro es una inspiración para todos los que seguimos luchando por el socialismo”, con estas palabras abrió Gabriela Cultelli, del Colectivo Mate Amargo, la presentación del libro “Marx y las comunas” (**) de José Ernesto Nováez.

Agradezco a Julieta García Ríos, periodista, por compartirme sus fragmentos de audio grabados, que junto a otros míos reúnen lo dicho por el autor:

Este libro lo debo a la posibilidad de haber conocido la experiencia de las comunas en Venezuela. Tenemos el consenso de que el capitalismo no es el camino, pero desde el derrumbe de la URSS no tenemos consenso sobre cuál es la alternativa. Existe Cuba, que está sobreviviendo en condiciones muy difíciles, Venezuela que está lidiando también con las contradicciones de construir el socialismo en un país subdesarrollado y bloqueado. Pero creo que el ejemplo venezolano de las comunas -que fue impulsado por Chávez- es útil para proponer un modelo postcapitalista efectivo.

Porque el tema fundamental sigue siendo que no tenemos un modelo productivo, un sistema de relaciones sociales efectivo que proponer ante el capitalismo.

El socialismo estatal no resolvió el problema de la enajenación, no logró crear sentido de propiedad sobre los medios de producción, y eso a la larga acabó coartando proyectos políticos. Entre las razones que mencionan varios autores para el derrumbe del socialismo en Europa estuvo el hecho de que los trabajadores nunca se sintieron verdaderamente propietarios de los medios de producción que manejaban ni de la riqueza que generaban. Este es el análisis, por ejemplo, de Hans Modrow. En ese caso, el Estado acaba convirtiéndose en una especie de capitalista abstracto que se apropia de la plusvalía, si acaso con menos eficiencia que el capitalista real.

Por eso pienso que la experiencia de las comunas puede ser una forma de producción en un horizonte postcapitalista sin pasar, como decía Marx, por las horcas caudinas del desarrollo capitalista.

La comuna es una forma superior de producción colectiva, superior incluso a la producción cooperativa, ya que esta sigue teniendo elementos de propiedad privada. Y en Venezuela las comunas han demostrado que tienen un potencial productivo grande.

La comuna educa políticamente, la gente discute de política, y te encuentras personas en esas comunas con un sentido político que ya quisieran muchos dirigentes en muchos países. Crea sentido de que estás trabajando por tu Patria, porque al final la Patria no se vive entera, estás trabajando por tu pedacito de Patria, por tu comunidad, a la cual conoces de verdad.

Eso es importante porque en los últimos 30 años hemos pasado de una Cuba en la que todo el mundo se conocía en el barrio -la Cuba en la que se formaron nuestros padres-, a no conocer a los vecinos que viven en la misma escalera de tu edificio, y ese es un cambio sociológico importante. Y mientras más gentrificada está una zona de la ciudad, más rota está esa comunidad. Pasa en zonas como El Vedado, como también en otras, donde va la gente que tiene dinero a comprarse una casa o un apartamento ahí. Eso no crea comunidad, porque la comunidad no es un agregado de gente que vive en un mismo lugar, son vínculos, lazos fraternales.

La comuna crea también motivos para quedarte en tu país, porque si la gente se va quedando sola, sin trabajo, precarizados y sin oportunidades, a lo mejor al que tiene 50 años y es un sujeto político formado no lo influye tanto, pero a un muchacho que tiene 18 sí. Por eso la comuna es al mismo tiempo un espacio de educación política, de educación económica y de educación social. Demostrar que no todo pasa por ser dueño o empleado.

Es una propuesta alternativa también ante la propiedad privada en forma de mipyme, cuya defensa en Cuba incluso ha permeado a los medios periodísticos. Durante el incendio de los Supertanqueros en Matanzas hubo programas de televisión que los mejores invitados que consideraron tener fueron propietarios de restaurantes supercaros que donaron refrescos y panes, que son migajas de lo que ganan diariamente. Tiene más mérito el taxista, que siendo también privado, con su carro y su gasolina se dedicó a llevar a la gente herida al hospital, y que no daba lo que poseía en cantidad o recuperaría a gran velocidad, sino que se quitó lo poco que tenía y que no iba a recuperar. Sin embargo, los “héroes” que se le presentan a la gente son esos que son más ricos y que dan migajas.

Eso ocurre porque el capitalismo tiene lógicas que enfrenta a toda la sociedad, y en la medida en que va penetrando la mentalidad liberal se van a ir resquebrajando procesos y prácticas sociales que eran normales. El Trabajo Voluntario creó un espacio de formación política, sin embargo, te encuentras gente que niega parte de su pasado, de los sacrificios que hicieron por la obra colectiva y social. Eso es una derrota política y simbólica, y es sumamente peligroso para la reproducción ideológica y política de la Revolución.

En Cuba estamos urgidos de retomar un horizonte postcapitalista. Porque no basta con resistir, resistir tiene que ser una condición para algo, la vida no puede ser resistir y ya. Porque la gente se pregunta: ¿Estoy resistiendo para qué? No puede ser que sea para seguir resistiendo. Entonces esa búsqueda postcapitalista que hubo, cuya pérdida quizás se pudiera ejemplificar en el debate que ocurrió en torno a la Constitución en 2019 sobre si eliminar o no el horizonte comunista como ideal, que es el abandono simbólico también, hasta cierto punto, de la posibilidad de buscar y construir un horizonte poscapitalista, debe ser retomada.

¿La propiedad privada y el mercado son la única clave para la salvación y el desarrollo de un proyecto socialista? Hasta donde permiten responder las lecciones de la Historia y la búsqueda de los teóricos revolucionarios de épocas pasadas, Marx entre ellos, la respuesta es negativa. Por el contrario, en la experiencia del socialismo histórico, la apelación exclusiva a las relaciones capitalistas de mercado generó contradicciones que fracturaron irreversiblemente proyectos como el soviético, con más de siete décadas y una heroica historia a sus espaldas.

Ya en la última etapa de su vida, Marx se internó en una búsqueda que lo llevó a aceptar la posibilidad de un desarrollo socialista futuro que no pasara por el mismo cauce del desarrollo capitalista en Europa occidental. Lenin en 1921, en el mismo discurso que anunciaba la NEP, explicó también las razones por las cuales se tomaba esta medida y como el Estado soviético apostaría por las cooperativas para demostrar su superioridad como medio de producción por encima de la propiedad privada.

Mi punto es: Que haya que apelar a mecanismos de mercado para salvar la reproducción material de la vida en lo inmediato, no quiere decir que haya que perder de vista lo estratégico de apostar y construir otras formas no capitalistas de producción y distribución de la riqueza. Y hacerlo además con inversión social, como apuntaba el propio Marx en carta a Vera Zasulich.

El socialismo europeo olvidó esto. Sus propios dirigentes, -no todos, pero si una parte determinante-, abandonaron la causa verdadera del socialismo e impulsaron en su nombre las fuerzas del mercado. No quiero que algo así se repita en mi país. Es por eso que este libro está hecho desde la defensa de la expresión concreta en la vida de la gente -no como abstracción ni como mero discurso- de los ideales de justicia social y soberanía de la Revolución cubana, a los cuales la propiedad privada capitalista no salvará, y por el contrario, llegaría a destruir. No vivimos en Marte, vivimos en Cuba, y es por eso un texto concreto al servicio de un proyecto político concreto”.

(*) Javier Gómez Sánchez, realizador audiovisual y periodista cubano, Licenciado en Medios de Comunicación (ISA), investigador del uso de internet y redes sociales para la guerra mediática contra su país. Es autor de varias publicaciones, director de los documentales “La Dictadura del algoritmo”, “El insomnio del hombre nuevo”, entre otras actividades destacadas.

(**) Nota Mate Amargo: “Marx y las Comunas” de José Ernesto Novaez, es un libro de imprescindible lectura para todo aquel o aquella que sueñe y viva por un mundo mejor, sin explotados/as ni explotadores, por un futuro que ya comienza a dibujarse en los nuevos horizontes de la Patria Grande, desde la Venezuela cambiante, desde el ayer de la comuna Rusa, de París, desde nuestros orígenes proyectados como Modelo Comunal Socialista, donde la democracia no es un juego frío, sino construida a partir de la participación y representación directa, que construye patria y combate la enajenación. Este libro el lector uruguayo puede encontrarlo en la librería Idea, allí en el centro cultural Lo de MoLiNa de la calle Tristan Narvaja de Montevideo, o solicitarlo a Mate Amargo, pues se trata de un esfuerzo editorial de este medio de prensa popular y alternativo, conjuntamente con Ediciones del Berretín.

Comments are closed.